Tampoco a ciencia cierta, sabemos ni cuándo ni cuáles serían aquellos primeros momentos en que se dejaran oír las primeras marchas lentas destinadas a dicho fin. Son muchos los interrogantes aún, y quizás, nunca los lleguemos a conocer. Muchos de estos factores, vienen determinados por la inestabilidad política a lo largo de este siglo y los decretos, reglamentaciones u otros comunicados de los más reformistas del clero, que veían con enojo como un movimiento como el romanticismo italiano, se instalaba y hacía fuerte dentro y fuera de los templos:
Más que la pompa y magnificencia de estas señales exteriores se ordene al entretenimiento o diversión del pueblo, más bien que a fomentar su devoción, es cosa nueva e inaudita en la Iglesia.(…) Todo lo que ayuda más al entretenimiento que a la devoción del pueblo, no pertenece al culto establecido por la Iglesia. 2.
Dejando esta puntualización en un segundo plano, ya que necesitaría de otro espacio, podemos centrarnos en la puesta en valor de lo conocido, gracias a diversos estudios realizados en archivos y bibliotecas de la geografía española.
La primera existencia de la cual tenemos constancia en la prensa escrita de la música bandística acompañando a una procesión, la encontramos – hasta las investigaciones llevadas a cabo – en la procesión de los Afligidos de 1850, sin dato alguno del tipo de composición que se interpretaba. Así, el periódico "El Comercio" de 27 de marzo, reseñaba lo siguiente:
Hoy a las tres y media de la tarde se hallará a las puertas de la iglesia parroquial de San Lorenzo un oficial y treinta hombres, con la música del tercer Regimiento de Artillería, para acompañar a la procesión que sale de dicha iglesia.
Uno de las más interesantes documentaciones sobre este respecto, ha sido sin lugar a dudas el fondo musical hallado en el "Archivo Histórico Municipal de Cádiz". El mismo, recogía en forma de marcha y en unas cincuenta cajas de partituras, parte de la historia más floreciente y ancestral de nuestra música procesional. Este importante legado, procedente de la extinta Banda Municipal, junto a la prensa y a diversa documentación recogida en otras publicaciones, nos lleva a vislumbrar un relato casi completo de los repertorios que sonaron en la ciudad desde el último tercio del siglo XIX hasta prácticamente nuestros días. Debemos hacer especial mención a la importancia militar de nuestra Plaza aún durante el decimononio, Este factor hacía que Cádiz junto con a Sevilla y Córdoba, formaran un triunvirato imprescindible como se está demostrando en las investigaciones llevadas a cabo a lo largo de estos últimos años. Así, algunos de los más ilustres músicos mayores al cargo de las por aquellos entonces llamadas Músicas, pasaban largo tiempo guarneciendo en la ciudad. Es este el pequeño apunte que vamos a imaginar en forma de recorrido musical, rememorando algunos de estos momentos.
Las marchas más antiguas de las que existe constancia en esta colección, llevan algunos títulos como El Llanto y El Sepulcro, copias fechadas a 7 de junio de 1872 por José Pérez Rúa, verdadero recolector de la mayoría de ellas, gran copista y que fuera director a primeros del siglo XX de la Banda del Hospicio.
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| El Sepulcro y El Llanto, las dos marchas fúnebres más longevas datadas en la colección del Archivo Histórico Municipal de Cádiz, fechadas en Cádiz a 7 de julio de 1872. |
La primera de ellas, pertenece al músico militar afincado en Madrid José Gabaldá y Bel, uno de los primogénitos de este tipo de composiciones y propietario de la revista más antigua de composiciones para banda, “Eco de Marte”. Sobre la segunda, nada sabemos en cuanto a su autoría, pero si comprobamos el día de su recuperación, un asombroso fuerte de bajos que atraviesa su parte central, algo bastante inusual en aquella época.
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| Anuncio en el periódico La Ilustración Española y Americana con fecha 8 de octubre de 1874 de la revista de música para bandas "El Eco de Marte". |
Los nombres de estas longevas piezas, por norma general, venían cargados de puro simbolismo, expresando un gran sentimiento de tristeza y dolor. En el “Diccionario de la Música, Explicación y Definición” pág. 122, del musicólogo Antonio Fargas y Soler en 1856, nos encontramos con un significado muy fidedigno y de la época de la terminología marcha fúnebre: “La que se compone expresamente para acompañar el féretro de un difunto, a quien se tributan fúnebres obsequios conduciéndole al sepulcro. La música de estas marchas ha de tener un carácter triste, patético y el movimiento por la regular es lento. – En las óperas se hace uso también de la marcha fúnebre, cuando lo requieren las situaciones escénicas.”
Así encontramos en distintas publicaciones periodísticas, la mención de muchas de ellas desde comienzos del siglo XIX. La gran mayoría de ellas, estaban instrumentadas para piano, dejando los arreglos para plantilla de banda, a los expertos en este tipo de arte, que no eran otros que los músicos mayores de los regimientos y batallones del ejército.
Otros ejemplos de este tipo de piezas de antigüedad, los encontramos en un titulado “Libreto de Marchas Fúnebres, Regulares y Pasodobles Fúnebres”, donde por desgracia solo se conservan los papeles para clarinetes, fiscornos y cornetines. Estas composiciones, carecen de título y solamente están reseñadas por su numeración continua, en un número de dos fúnebres y ocho regulares. Además de este, existen otros de este mismo ejemplo y compuesto para un tipo de plantilla más reducido y de instrumentos exclusivos de viento metal., que en tiempos se conocerían como “charangas”.
Algunos autores de gran estima en este periodo decimonónico, también se hicieron presentes en los repertorios de estas procesiones gaditanas. Marchas como ¡Una Lagrima! de Ramón Roig Torné, ¡Descansa en paz! y ¡Pobre hija mía!, del que fuera maestro de Alabarderos Leopoldo Martín Elexpuru o Descanse en Paz y Una Promesa a la Virgen, del no menos eminente músico Álvaro Milpager Díaz, no solo han sido extraídas de este archivo para su renovada puesta en escena. Alguna de ellas, están incluidas en “Ottocento”, primer trabajo discográfico íntegro e inédito sobre este tipo de longevas marchas procesionales, realizado por la "Banda de Música de Ntra. Sra. de la Soledad de Cantillana".
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| "Crucifixus", marcha anónima que se encuentra en dicho Archivo Municipal y de la cuál se muestra el clarinete 3º. |
Cádiz, ha contado como hemos expuesto con muchas bandas militares que guarnecían en la zona y que eran utilizadas para acompañar a los cortejos procesionales. Estas peticiones venían realizadas por el Ayuntamiento y venían a completar a las formaciones ya existentes en la ciudad; la primera Banda Municipal (llamada por aquellos años de la Municipalidad), fundada y dirigida en 1850 por Manuel Rueda y Remuñán y la del Hospicio Provincial (conocida como la Banda del Hospicio de Santa Elena), que ya existía desde años atrás y que estuvo dirigida principalmente por Miguel Blanco y Marente. Podemos así citar, que en algunos momentos de finales de los setenta del decimononio, han llegado a coincidir hasta cuatro bandas militares, más las dos civiles ya reflejadas 3. Esto hacía, que el trasiego de estos repertorios fuera en aumento en Cádiz, gracias al buen hacer de los grandes copistas existentes.
Así, encontramos otro de los curiosos libretos de este arco de los primeros años ochenta y que bien pudo pertenecer al Regimiento de Artillería a pie, llegado a Cádiz el 19 de enero de 1877. El mismo, dirigido por Ramón Rovira y Delgado, contiene hasta cuatro marchas fúnebres enumeradas y detalladas de esta forma: “6. Vía Crucis (Ramón Rovira), 7. Christus Factus (Eslava), 8. Medea (Anónima), 9. Sepulcro (Anónima). Sobre el mismo, cabe reseñar algunas puntualizaciones.
La primera de ellas, es realizada por el propio director y dedicada al obispo de la Diócesis Jaime Catalá y Arbosa, cuyo estreno se llevó a cabo en la Semana Santa de 1882. Aunque exenta aún de grabaciones, sorprendió en su recuperación por la belleza en su melodía y la expresividad de algunos de sus pasajes.Sobre la segunda, es obvio pertenecerá a un fragmento de alguno de los misereres compuestos por el maestro Hilarión Eslava e instrumentados para banda. La rítmica de la pieza, es propia de la más pura inspiración de aquella corriente del romanticismo italiano. Está aún en fase de recuperación, aunque si ya revisada a la instrumentación actual.
De las dos restantes, poco que decir en este momento. Las mismas, son actualmente desconocidas, siendo Sepulcro otra marcha distinta a la ya mencionada de Gabaldá.
Otras marchas compuestas en Cádiz en esta época del último tercio del siglo XIX, nos llegan de la mano del maestro Juarranz al cargo de la banda del tercer Regimiento de Ingenieros. Sin lugar a dudas, hablamos del máximo exponente de esta época en la composición de marchas fúnebres no solo en nuestra ciudad, sino podemos casi aseverar que en toda Andalucía. La majestuosidad de sus melodías, su excelente instrumentación y una depurada contrapuntística, son claros patrones del autor. Su llegada en 1879, tras la boda del rey Alfonso XII con la desafortunada María de las Mercedes de Orleans en Sevilla, transformó el panorama musical de la ciudad. Son innumerables las piezas que compuso en su estancia gaditana, hasta 1882, además de compaginar su trabajo militar ejerciendo como profesor en la ya nombrada Academia de Santa Cecilia, antiguo conservatorio.
Las marchas fúnebres del autor, de las que tenemos referencias son las siguientes: Marcha Fúnebre Nº 1, Marcha Fúnebre Nº 2 (también hallada en otro libreto bajo el título de Marcha Fúnebre nº 16), ¡¡¡Ha Muerto!!! (1880), Fe Esperanza y Caridad (1882) y La Santa Cruz (posiblemente realizada antes de su marcha a Vascongadas).
En cuanto a la primera de ellas, está aún por recuperarse (muy seguramente en próximas fechas). La Nº 2, se pudo oír en un concierto cuaresmal este año pasado, dando muestras con sus emotivas melodías del encanto que atesoraba.
En cuanto a ¡¡¡Ha Muerto!!!, dedicada por el autor a la festividad del Viernes Santo, no creemos nada mejor que recoger el comentario de Diario de Cádiz, aquel 21 de marzo de 1880. La Iglesia del Carmen, fue testigo en un especial concierto de su estreno, un Domingo de Ramos y tras misa de nueve y media:
Nos referimos a la Marcha Fúnebre titulada Ha Muerto, y compuesta en estos últimos días por nuestro querido amigo el Sr. López de Juarranz, que expresamente la ha dedicado a la festividad del Viernes Santo. Si elogios han recaído siempre sobre el distinguido director de la Banda de Ingenieros por los productos de su fecunda cuanto bien cultivada inteligencia en la música, no deben escasearles aquellos en esta ocasión , porque la citada Marcha Fúnebre reúne cuantas condiciones son necesarias para agradar y dejar satisfechos al auditorio más exigible. Sus pensamientos son bellos y bien desarrollados, la combinación armónica está muy bien entendida, y la estructura y el conjunto general de la obra tienen un sello de originalidad, que es difícil de alcanzar en las composiciones de esta naturaleza.
Otra de sus marchas más notables, es sin duda Fe Esperanza y Caridad, dedicada a las tres virtudes teologales y estrenada también un Domingo de Ramos de 1882. La misma, acompaña de forma habitual a la corporación municipal “bajo mazas” el solemne día de Corpus Christi gaditano hasta la Seo. Tambien es de muy reseñar, que esta composición se interpretaba hasta 1921 – que tengamos constancia - en el mismísimo Palacio Real todos los Miércoles de Ceniza.
Recogemos la publicación de 3 de abril de 1881 del mismo rotativo:
La procesión de la Virgen de los Dolores, del Venerable Orden Tercero, recorrió ayer Domingo de Ramos las calles de nuestra ciudad a pesar que llovió en algunos momentos. El paso de la Virgen llevaba en su palio dos palmas, una de ellas la que lució el obispo en la procesión de la mañana. El tránsito por la calle Ancha tuvo lugar entre las ocho y las nueve de la noche.
La música de Ingenieros estrenó en dicha calle la marcha titulada Fe, Esperanza y Caridad, original de su director, López Juarranz.
Anoche a las ocho tuvo lugar en la casa Hospicio Provincial la procesión de ofrecimiento de las flores como terminación del mes de María. (…) La música del establecimiento dejó oír por primera vez una bien escrita marcha titulada La Santa Cruz, original de un compositor de Madrid, ensayada escrupulosamente por e, director de la banda señor Blanco.
También, debemos reseñar una Marcha Regular del autor que se recuperó en esta misma festividad del Santísimo en el pasado 2014. Curiosamente, la misma también recibe el nombre en algunas de sus particelas de Marcha Triunfal y no sería nada descabellado que se tratara de la misma que sirvió como himno para la Exposición Marítima celebrada en nuestra ciudad en 1887.
Pocos meses antes de la muerte del maestro en 1897, tuvo su última inspiración para una efigie gaditana, su marcha póstuma ¡Piedad!. La misma, sería realizada en Madrid, cuando dirigía la Banda del Cuerpo de Alabarderos. Las últimas palabras de Juarranz a los músicos de su antiguo regimiento, demuestran el sentimiento tan profundo que tenía por la composición e imagen gaditana:
“Cuando yo no esté, tocad la marcha ¡Piedad!, que puede que resucite”.
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| Primera página del guion de ¡Piedad! manuscrita por el músico Enrique Broca. A.H.M.C. |
La pieza, pudo oírse en Cádiz al año siguiente y tras el paso de dicha Cofradía, gracias a la gran gestión del maestro Enrique Broca Rodríguez, que dirigía por aquellos años la Banda del Regimiento de Pavía y que fuera entre otros menesteres uno de los primeros maestros en la extinta Academia de Santa Cecilia del célebre y afamado compositor Manuel de Falla y Matheu.
Una reseña sobre el importante acontecimiento, de Diario de Cádiz a 13 de abril:
La brillante Banda de Pavía, que dirige el reputado maestro Sr. Broca, invitada a la procesión del Santísimo Cristo de la Piedad, que en el día de hoy hará estación en la S.I.C., tocará la inspirada marcha fúnebre de Juarranz en las calles siguientes: Duque de la Victoria, Rosario, Plaza de San Antonio, Duque de Tetuán y Plaza de Castelar.
Al año siguiente, el mismo director, dejaría oír tras dicho paso otra de sus composiciones de tiempo atrás, Una Lágrima.
“Música de Pavía: El Sr. Broca, su director, ha arreglado para la banda la marcha fúnebre de Juarranz; dicha marcha es Una Lágrima, un pequeño poema de dolor vertido en el pentagrama, por quien, y esto se sabe en Cádiz, poseía tan profunda inspiración.”
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| Parte del guión para director de la marcha ¡Una Lágrima!, publicada en la revista de la época "La España Musical" |
Pero no es ¡Piedad! la composición más antigua que nuestras cofradías tienen en dedicatoria. En este apartado, tenemos dos piezas compuestas en los primeros años de aquellos años noventa.
Corría el año 1893, cuando el músico y profesor de la Academia de Santa Cecilia, Eduardo Romero y Gándara, hizo entrega a la Junta de Gobierno de la Cofradía de Ecce-Homo, de una Marcha Fúnebre de su cosecha. En dicho documento, reseñaba con gran modestia por su parte que “poco, muy poco es el mérito de dicha composición, si es que alguno tiene pero veré colmado mi deseo, si esta Corporación se digna en aceptarla”. La instrumentación para banda, como continúa el escrito, estaría asignada al reputado músico mayor Damián López Sánchez, encargado de dirigir las músicas del Regimiento Pavía 48 y Álava 56 (anteriormente denominado 60) de guarnición en la ciudad.
La segunda de ellas, lleva por título Saeta, marcha fúnebre compuesta anteriormente al año 1894, por el músico mayor anteriormente nombrado Damián López y por el que fue elegido meses después Hermano Honorario. Así rezaba en los archivos, según el Boletín de la Cofradía de septiembre de 1943:
De la historia en preparación. 1894 – D. Damián López, Músico Mayor de Álava de esta guarnición, por la composición de una Saeta que se tocaba por dicha banda en la Procesión del Jueves Santo dedicada a Nuestro Titular.
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| Marcha "Saeta", partitura de clarinete 1 |
Por el camino, sin tener tiempo para detenernos y aún a falta de muchos datos, quedaron otras también con inspiración a nuestras cofradías e imágenes que quedan reflejadas en el también extinto periódico La Correspondencia de Cádiz de día 2 de abril de 1904. Allí, se cita que tras el paso iba la de música del Regimiento de Pavía que estrenó las marchas fúnebres Santo Entierro, Expiración y Señor del Patio.
Acabamos con una pregunta al aire que trataremos en otra segunda parte (en la que se abarcará la música procesional del siglo XX en la ciudad), a modo de una posible delimitación histórica: ¿Se podría señalar España Llora, compuesta por Alejandro Contreras Contreras en 1912 tras el atentado del político Canalejas, como la última marcha que compositivamente marque un claro cambio y con ella el final de este periodo dorado gaditano?
- Archivo Histórico Municipal de Cádiz (Colección Semana Santa).
- Dominicas, Ferias y Fiestas móviles del año Christiano en España por Don Joaquín Lorenzo Villanueva (Tomo Tercero) 1798. ”Abusos de la Música S.II”, pág. 63.
- Diario El Comercio, 3 de diciembre de 1878. Se citan las bandas de Ingenieros, Artillería, Pavía 50 y la reciente de Soria 9.



















