miércoles, 30 de marzo de 2016

LOS PRIMITIVOS TIEMPOS EN LA COFRADÍA GADITANA DE NTRA. SRA DE LA SOLEDAD.

Breve reseña histórica incluida en el "librito" (perteneciente a los archivos de la Biblioteca Nacional de España) de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad y Santo Entierro de Ntro. Sr. Jesucristo, impreso y encuadernado por la "Revista Médica" en 1842.
Páginas 4, 5, 6 y 7 del citado.





La Cofradía del Santo Entierro de Ntro. Sr. Jesucristo y Ntra. Madre y Sra. de la Soledad, fué establecida en sus primitivos tiempos en el Convento de S. Francisco, si bien no sea fácil determinar de un modo exacto la verdadera fecha de su fundación, á causa de las vicisitudes que han experimentado los archivos de esta ciudad, señaladamente en el incendio de 1596. Sábese, sin embargo, que fue trasladada a la Ermita de S. Roque, sita donde hoy existen los cuarteles y pabellones del mismo nombre, pudiendo colegirse que esta traslación se verificó por los años de 1637, puesto que en dicha fecha aparece fue concluida su Capilla propia, según se espresa en una lápida hallada entre las ruinas de la Ermita cuando su demolición; pero este sitio, desacomodado y estrecho, se avenía mal con la creciente prosperidad de la Hermandad y con los vehementes deseos de sus cofrades, que anhelaban dar con la solemnidad merecida mas digno culto a tan reverenciadas Imágenes.
Así fué que reunidos en Cabildo para elegir para su Prioste al Exmo. Sr. D. Antonio Pimentel de Prado, Gobernador de Cádiz, acordaron en 25 de Marzo de 1662 colocar las Sagradas efigies en el Altar mayor de la citada Ermita, y dedicar esta igualmente á Ntra. Sra. de la Soledad, según se practicó, conservando en lo sucesivo el nombre de la espresada Soberana Señora en unión con el de S. Roque, que ya obtenía desde su fundación.
Llegada, pues, la Hermandad al alto punto de esplendor que por tantos años habian ansiado sus distinguidos cofrades, y merced á las abundantes limosnas con que este religioso pueblo secundaba sus laudables esfuerzos, pudo ya pensarse en solemnizar con cultos públicos aquellos días que la Iglesia nuestra Madre consagra á la celebración de los altos Misterios de la Redención del mundo; cultos en que la Hermandad desplegaba toda su pompa y magnificencia dignas de tan alto objeto. Al efecto levantábase en medio de la Plaza Mayor un monumento sobre doce columnas que sustentaban una cúpula, bajo la cual se colocaban las andas ó paso sepulcral, cuya Urna era hecha de carey, ébano y plata. Alli las comunidades todas y el Clero secular le cantaban por su orden los Salmos que la Iglesia le aplica en las Tinieblas de aquel día; de tal manera, que llegando la Procesion á la plaza á las ocho de la noche, solia ser la una de la madrugada cuando concluía el acto, durante el cual alumbraban al Sagrado Cadáver multitud de cirios colocados al efecto en el monumento de que se ha hecho mención.
Por muchos años continuó la Cofradía en estos piadosos actos, hasta que en 1715 aparece haber cesado en ellos, pudiendo colegirse de aquí que sufrió su completa extinción; mas por el de 1750, y con motivo de la demolición de la Ermita de San Roque, fueron trasladadas las devotas Imágenes al Convento de Madres Concepcionistas de Sta. María (donde hoy existen) deduciéndose de las diligencias entonces practicadas para la colocacion  de ellas en el Altar y Capilla que poseía en el expresado Convento el Sr. Conde de la Alcudia, que estaba existente en dicha época en la Cofradía, sin duda resucitada en este intermedio por el no apagado celo de los individuos.
Varias han sido las vicisitudes que posteriormente han esperimentado: mas vencidas en los años anteriores las dificultades inmensas que se oponian á los justos deseos de sus Cofrades, y merced a la benévola acogida que hallaron en el Exmo. Prelado de esta Diócesis y en las demás superiores Autoridades, logró esta antigua Hermandad sacar en solemne Procesion las Sagradas Imágenes de su culto con el posible decoro y esplendor. El éxito sobrepujó á sus esperanzas; y ayudada como fue por los generosos esfuerzos y acendrada religiosidad de este vecindario, tuvo el placer inefable de ver coronadas sus tareas, sirviéndole de estímulo ensayo tan feliz para redoblar sus esfuerzos á fin de que en la próxima Semana Santa se renueves con mayor y mas digna pompa los públicos cultos, tributados en la pasada al Santo Cadáver de Ntro. Sr. y á Ntra. Sra. de la Soledad, en sus reverenciadas Efigies.
La Hermandad deseosa además de contribuir en cuanto le sea posible al lustre y brillantez de los solemnes actos que se preparan, comisionó á varios Sres. para tratar de remover cualesquiera obstáculos que entorpeciesen la salida del Paso del Santísimo Cristo del Descendimiento: allanados estos por el Señor Gefe Superior Político, Prioste, tiene la satisfacción de anunciarlo asi al público.         
  


* Anexo al anterior, publicado en el "Programa de Procesión del año 1862", que contienen los aportes históricos a partir del año 1842.

Obtuvo además el gran honor de contar como su Protectora y Hermana Mayor a S. M. la Reina nuestra 

Señora Doña Isabel II y S. M. el Rey su augusto es­poso, como también de Tenienta Hermana Ma­yor a la Serenísima Señora Infanta Doña María Luisa Fernanda.

En Cabildo general extraordinario que celebró la Real Cofradía el Domingo 26 de Setiembre de 1852, a propuesta de su Vice-prioste el Sr. D. Valeriano Hortal, Caballero de la Real y distinguida Orden española d e Carlos III, acordó por unanimidad la construcción de una magnífica y elegante Urna sepulcral de plata, para su venerado Señor: en virtud de este acuerdo la Junta de gobierno nombró una comisión de su seno que se encargase de recoger diseños de varios profesores de esta Academia de Bellas Artes, habiendo merecido la aprobación de toda la Junta el presentado por el profesor de adorno de la misma el finado D. Diego María del Valle.
En 19 de Mayo de 1853 se contrató su construcción con los artistas plateros D. Manuel Ramírez y D. Pedro Sardin, si bien desde 1° de Septiembre de 1836 quedó solo a cargo del primero (Sr. Ramírez) inclusa la dirección de toda la obra que tuvo desde su principio.

Las tristes circunstancias que atravesamos en el año de 1854 con la invasión del cólera y los crecidos gastos ocasionados por la procesión de 1856, hicieron que hasta esta segunda época no pudiera darse a la obra toda la actividad que la Real Cofradía deseara, pues no contaba con otros recursos que los que la misma tenía en sus ahorros y los donativos de algunos cofrades; así que desde entonces y muy particularmente en estos dos últimos años, es cuando la Real Cofradía le ha dado todo el impulso necesario para poderla presentar en la Semana Santa próxima.

El vehemente deseo que la misma ha demostrado por ver la Urna después de tanto tiempo de construcción, ha decidido manifestarla al público en la procesión del presente año, si bien faltándole algunos accesorios, suplidos lo mejor posible, y habiendo la Real Cofradía costeado con solo  sus recursos alhaja de tanta valía y con la magnificencia digna del objeto a que se dedica, hará nuevos esfuerzos para concluir del todo una obra que no solo hace honor a la corporación y al artista, sino a toda esta culta población.

Los cristales para la expresada Urna, por sus grandes dimensiones y forma especial, ofrecían grandes dificultades para su fabricación; pues que habiéndolos encargado la comisión a las fábricas má acreditadas del Reino, contestaron sus encargados no poderlos fabrica r, y aún algunos manifestaron duda ban el que en el extranjero se pudiesen hacer tal como se deseaban.

No obstante, todas estas dificultades las allanó la dirección de la fábrica La Ceres, estableci­da en la inmediata ciudad de El Puerto de Santa Ma­ría, habiéndolos construido a satisfacción de la Junta de gobierno.

El conato que siempre esta Cofradía ha tenido de celebrar con toda pompa la solemnidad reli­giosa el Viernes Santo, sacando en procesión sus ve­neradas Imágenes ha sido estimulado este año por la iniciativa feliz del Excmo. Ayuntamiento que auxilia con una cantidad de los fondos públicos estos actos, a fin de que correspondan al mayor decoro del culto y al buen nombre de esta Cofradía y de la ciudad de Cádiz.


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