No tenemos datos a ciencia cierta de cuando fue la incursión
de la banda de música asistiendo a un cortejo procesional. Existe si, la
constancia fidedigna de este tipo de formaciones con una plantilla más reducida
de instrumentos que la actual ya en cortejos de finales del siglo XVIII. Concretamente
y por citar tan solo un somero ejemplo, valga aquel pago que aparece reseñado
entre los "Gastos de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno", en la cuaresma
del año 1796, en el que se expenden 180 reales de vellón “A la
tropa y música de esta que asistieron a la Procesión por vía de gratificación” 1.
Tampoco a ciencia cierta, sabemos ni cuándo ni cuáles serían aquellos primeros
momentos en que se dejaran oír las primeras marchas lentas destinadas a dicho
fin. Son muchos los interrogantes aún, y quizás, nunca los lleguemos a conocer.
Muchos de estos factores, vienen determinados
por la inestabilidad política a lo largo de este siglo y los decretos, reglamentaciones
u otros comunicados de los más reformistas del clero, que veían con enojo como
un movimiento como el romanticismo italiano, se instalaba y hacía fuerte dentro
y fuera de los templos:
Más que la pompa y magnificencia de
estas señales exteriores se ordene al entretenimiento o diversión del pueblo,
más bien que a fomentar su devoción, es cosa nueva e inaudita en la Iglesia.(…)
Todo lo que ayuda más al entretenimiento que a la devoción del pueblo, no
pertenece al culto establecido por la Iglesia.
2.
Dejando esta puntualización en un segundo plano, ya que necesitaría de otro
espacio, podemos centrarnos en la puesta en valor de lo conocido, gracias a
diversos estudios realizados en archivos y bibliotecas de la geografía española.
La primera existencia de la cual tenemos constancia en la prensa escrita de la
música bandística acompañando a una procesión, la encontramos – hasta las
investigaciones llevadas a cabo – en la procesión de los Afligidos de 1850, sin
dato alguno del tipo de composición que se interpretaba. Así, el periódico "El
Comercio" de 27 de marzo, reseñaba lo siguiente:
Hoy a las tres y media de la tarde se
hallará a las puertas de la iglesia parroquial de San Lorenzo un oficial y treinta
hombres, con la música del tercer Regimiento de Artillería, para acompañar a la
procesión que sale de dicha iglesia.
Uno de las más interesantes documentaciones sobre este respecto, ha sido sin
lugar a dudas el fondo musical hallado
en el "Archivo Histórico Municipal de Cádiz". El mismo, recogía en forma
de marcha y en unas cincuenta cajas de partituras, parte de la historia más
floreciente y ancestral de nuestra música procesional. Este importante legado,
procedente de la extinta Banda Municipal, junto a la prensa y a diversa
documentación recogida en otras publicaciones, nos lleva a vislumbrar un relato
casi completo de los repertorios que sonaron en la ciudad desde el último
tercio del siglo XIX hasta prácticamente nuestros días. Debemos hacer
especial mención a la importancia militar de nuestra Plaza aún durante el decimononio, Este factor hacía que Cádiz junto con a Sevilla
y Córdoba, formaran un triunvirato imprescindible como se está demostrando en las investigaciones llevadas a cabo a lo largo de estos últimos años. Así, algunos de los más
ilustres músicos mayores al cargo de las por aquellos entonces llamadas Músicas,
pasaban largo tiempo guarneciendo en la ciudad. Es este el pequeño apunte que
vamos a imaginar en forma de recorrido musical, rememorando algunos de estos
momentos.
Las marchas más antiguas de las que existe constancia en esta colección, llevan
algunos títulos como El Llanto y El Sepulcro, copias fechadas a 7 de
junio de 1872 por José Pérez Rúa, verdadero recolector de la mayoría de ellas, gran copista y que fuera director a primeros del siglo XX de la Banda del Hospicio.
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El Sepulcro y El Llanto, las dos marchas fúnebres más longevas datadas
en la colección del Archivo Histórico Municipal de Cádiz, fechadas en Cádiz a 7 de julio de 1872. |
La primera de ellas, pertenece al músico
militar afincado en Madrid José Gabaldá y Bel, uno de los primogénitos de este
tipo de composiciones y propietario de
la revista más antigua de composiciones para banda, “Eco de Marte”. Sobre la
segunda, nada sabemos en cuanto a su autoría, pero si comprobamos el día de su
recuperación, un asombroso fuerte de bajos que atraviesa su parte central, algo
bastante inusual en aquella época.
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Anuncio en el periódico La Ilustración Española y Americana con fecha 8 de octubre de 1874 de la revista de música para bandas "El Eco de Marte". |
Los nombres de estas longevas piezas, por norma general, venían cargados de
puro simbolismo, expresando un gran sentimiento de tristeza y dolor. En el “Diccionario
de la Música, Explicación y Definición” pág. 122, del musicólogo Antonio Fargas
y Soler en 1856, nos encontramos con un significado muy fidedigno y de la época de la terminología
marcha fúnebre: “La que se compone expresamente para acompañar el féretro de un
difunto, a quien se tributan fúnebres obsequios conduciéndole al sepulcro. La
música de estas marchas ha de tener un carácter triste, patético y el
movimiento por la regular es lento. – En las óperas se hace uso también de la
marcha fúnebre, cuando lo requieren las situaciones escénicas.”
Así encontramos en distintas publicaciones periodísticas, la mención de muchas
de ellas desde comienzos del siglo XIX. La gran mayoría de ellas, estaban instrumentadas
para piano, dejando los arreglos para plantilla de banda, a los expertos en
este tipo de arte, que no eran otros que los músicos mayores de los regimientos
y batallones del ejército.
Otros ejemplos de este tipo de piezas de antigüedad, los encontramos en un
titulado “Libreto de Marchas Fúnebres, Regulares y Pasodobles Fúnebres”, donde
por desgracia solo se conservan los papeles para clarinetes, fiscornos y
cornetines. Estas composiciones, carecen de título y solamente están reseñadas
por su numeración continua, en un número de dos
fúnebres y ocho regulares. Además de este, existen otros de este mismo
ejemplo y compuesto para un tipo de plantilla más reducido y de instrumentos
exclusivos de viento metal., que en tiempos se conocerían como “charangas”.
Algunos autores de gran estima en este periodo decimonónico, también se
hicieron presentes en los repertorios de estas procesiones gaditanas. Marchas
como ¡Una Lagrima! de Ramón Roig
Torné, ¡Descansa en paz! y ¡Pobre hija mía!, del que fuera maestro
de Alabarderos Leopoldo Martín Elexpuru o Descanse
en Paz y Una Promesa a la Virgen, del
no menos eminente músico Álvaro Milpager Díaz, no solo han sido extraídas de
este archivo para su renovada puesta en escena. Alguna de ellas, están
incluidas en “Ottocento”, primer trabajo discográfico íntegro e inédito sobre
este tipo de longevas marchas procesionales, realizado por la "Banda de Música
de Ntra. Sra. de la Soledad de Cantillana".
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"Crucifixus", marcha anónima que se encuentra en dicho Archivo Municipal y de la cuál se muestra el clarinete 3º. |
Cádiz, ha contado como hemos expuesto con muchas bandas militares que
guarnecían en la zona y que eran utilizadas para acompañar a los cortejos
procesionales. Estas peticiones venían realizadas por el Ayuntamiento y venían a completar
a las formaciones ya existentes en la ciudad; la primera Banda Municipal
(llamada por aquellos años de la Municipalidad), fundada y dirigida en 1850 por
Manuel Rueda y Remuñán y la del Hospicio Provincial (conocida como la Banda del
Hospicio de Santa Elena), que ya existía desde años atrás y que estuvo dirigida
principalmente por Miguel Blanco y Marente. Podemos así citar, que en algunos
momentos de finales de los setenta del decimononio, han llegado a coincidir
hasta cuatro bandas militares, más las dos civiles ya reflejadas 3. Esto hacía, que el trasiego de estos
repertorios fuera en aumento en Cádiz, gracias al buen hacer de los grandes
copistas existentes.
Así, encontramos otro de los curiosos libretos de este arco de los primeros
años ochenta y que bien pudo pertenecer al Regimiento de Artillería a pie,
llegado a Cádiz el 19 de enero de 1877. El mismo, dirigido por Ramón Rovira y
Delgado, contiene hasta cuatro marchas fúnebres enumeradas y detalladas de esta
forma: “6. Vía Crucis (Ramón Rovira), 7.
Christus Factus (Eslava), 8. Medea (Anónima), 9. Sepulcro (Anónima). Sobre el mismo, cabe reseñar algunas
puntualizaciones.
La primera de ellas, es realizada por el propio director y dedicada al obispo
de la Diócesis Jaime Catalá y Arbosa, cuyo estreno se llevó a cabo en la Semana
Santa de 1882. Aunque exenta aún de grabaciones, sorprendió en su recuperación
por la belleza en su melodía y la expresividad de algunos de sus pasajes.Sobre la segunda, es obvio pertenecerá a
un fragmento de alguno de los misereres compuestos por el maestro
Hilarión Eslava e instrumentados para banda. La rítmica de la pieza, es propia
de la más pura inspiración de aquella corriente del romanticismo italiano. Está
aún en fase de recuperación, aunque si ya revisada a la instrumentación actual.
De las dos restantes, poco que decir en este momento. Las mismas, son
actualmente desconocidas, siendo Sepulcro
otra marcha distinta a la ya mencionada de Gabaldá.
Otras marchas compuestas en Cádiz en esta época del último tercio del siglo
XIX, nos llegan de la mano del maestro Juarranz al cargo de la banda del tercer
Regimiento de Ingenieros. Sin lugar a dudas, hablamos del máximo exponente de
esta época en la composición de marchas fúnebres no solo en nuestra ciudad,
sino podemos casi aseverar que en toda Andalucía. La majestuosidad de sus
melodías, su excelente instrumentación y una depurada contrapuntística, son
claros patrones del autor. Su llegada en 1879, tras la boda del rey Alfonso XII
con la desafortunada María de las Mercedes de Orleans en Sevilla, transformó el
panorama musical de la ciudad. Son innumerables las piezas que compuso en su
estancia gaditana, hasta 1882, además de compaginar su trabajo militar ejerciendo como profesor en la ya nombrada Academia
de Santa Cecilia, antiguo conservatorio.
Las marchas fúnebres del autor, de las que tenemos referencias son las
siguientes: Marcha Fúnebre Nº 1, Marcha
Fúnebre Nº 2 (también hallada en otro libreto bajo el título de Marcha Fúnebre nº 16), ¡¡¡Ha Muerto!!! (1880), Fe Esperanza y Caridad
(1882) y La Santa Cruz (posiblemente
realizada antes de su marcha a Vascongadas).
En cuanto a la primera de ellas, está aún por recuperarse (muy seguramente en
próximas fechas). La Nº 2, se pudo
oír en un concierto cuaresmal este año pasado, dando muestras con sus emotivas
melodías del encanto que atesoraba.
En cuanto a ¡¡¡Ha Muerto!!!, dedicada
por el autor a la festividad del Viernes Santo, no creemos nada mejor que
recoger el comentario de Diario de Cádiz, aquel 21 de marzo de 1880. La Iglesia
del Carmen, fue testigo en un especial concierto de su estreno, un Domingo de Ramos
y tras misa de nueve y media:
Nos
referimos a la Marcha Fúnebre titulada Ha Muerto, y compuesta en estos últimos
días por nuestro querido amigo el Sr. López de Juarranz, que expresamente la ha
dedicado a la festividad del Viernes Santo. Si elogios han recaído siempre
sobre el distinguido director de la Banda de Ingenieros por los productos de su
fecunda cuanto bien cultivada inteligencia en la música, no deben escasearles aquellos
en esta ocasión , porque la citada Marcha Fúnebre reúne cuantas condiciones son
necesarias para agradar y dejar satisfechos al auditorio más exigible. Sus
pensamientos son bellos y bien desarrollados, la combinación armónica está muy
bien entendida, y la estructura y el conjunto general de la obra tienen un
sello de originalidad, que es difícil de alcanzar en las composiciones de esta
naturaleza.
Otra
de sus marchas más notables, es sin duda Fe
Esperanza y Caridad, dedicada a las tres virtudes teologales y estrenada
también un Domingo de Ramos de 1882. La misma, acompaña de forma habitual a la
corporación municipal “bajo mazas” el solemne día de Corpus Christi gaditano
hasta la Seo. Tambien es de muy reseñar, que esta composición se interpretaba
hasta 1921 – que tengamos constancia - en el mismísimo Palacio Real todos los Miércoles
de Ceniza.
Recogemos la publicación de 3 de abril de 1881 del mismo rotativo:
La procesión de la Virgen de los
Dolores, del Venerable Orden Tercero, recorrió ayer Domingo de Ramos las calles
de nuestra ciudad a pesar que llovió en algunos momentos. El paso de la Virgen
llevaba en su palio dos palmas, una de ellas la que lució el obispo en la
procesión de la mañana. El tránsito por la calle Ancha tuvo lugar entre las
ocho y las nueve de la noche.
La música de Ingenieros estrenó en dicha calle la marcha titulada Fe, Esperanza
y Caridad, original de su director, López Juarranz.
Sobre La Santa Cruz, tenemos constancia de una marcha
ensayada por la Banda del Hospicio Provincial. Así se relata su estreno en la
ciudad, un 1 de junio de 1884 en el Diario La Palma:
Anoche a las ocho tuvo
lugar en la casa Hospicio Provincial la procesión de ofrecimiento de las flores
como terminación del mes de María. (…) La música del establecimiento dejó oír
por primera vez una bien escrita marcha titulada La Santa Cruz, original de un
compositor de Madrid, ensayada escrupulosamente por e, director de la banda
señor Blanco.
También,
debemos reseñar una Marcha Regular del
autor que se recuperó en esta misma festividad del Santísimo en el pasado 2014.
Curiosamente, la misma también recibe el nombre en algunas de sus particelas de
Marcha Triunfal y no sería nada
descabellado que se tratara de la misma que sirvió como himno para la Exposición
Marítima celebrada en nuestra ciudad en 1887.
Pocos meses antes de la muerte del maestro en 1897, tuvo su última inspiración
para una efigie gaditana, su marcha póstuma ¡Piedad!.
La misma, sería realizada en
Madrid, cuando dirigía la Banda del Cuerpo de Alabarderos. Las últimas palabras
de Juarranz a los músicos de su antiguo regimiento, demuestran el sentimiento
tan profundo que tenía por la composición e imagen gaditana:
“Cuando yo no esté, tocad la marcha ¡Piedad!, que puede que
resucite”.
 |
Primera página del guion de ¡Piedad! manuscrita por el músico Enrique Broca. A.H.M.C. |
La pieza, pudo oírse en Cádiz al año siguiente y tras el paso de dicha
Cofradía, gracias a la gran gestión del maestro Enrique Broca Rodríguez, que
dirigía por aquellos años la Banda del Regimiento de Pavía y que fuera entre
otros menesteres uno de los primeros maestros en la extinta Academia de Santa Cecilia del célebre
y afamado compositor Manuel de Falla y Matheu.
Una reseña sobre el importante acontecimiento, de Diario de Cádiz a 13 de
abril:
La brillante Banda de Pavía,
que dirige el reputado maestro Sr. Broca, invitada a la procesión del Santísimo
Cristo de la Piedad, que en el día de hoy hará estación en la S.I.C., tocará la
inspirada marcha fúnebre de Juarranz en las calles siguientes: Duque de la
Victoria, Rosario, Plaza de San Antonio, Duque de Tetuán y Plaza de Castelar.
Al
año siguiente, el mismo director, dejaría oír tras dicho paso otra de sus
composiciones de tiempo atrás, Una
Lágrima.
“Música de Pavía: El Sr.
Broca, su director, ha arreglado para la banda la marcha fúnebre de Juarranz;
dicha marcha es Una Lágrima, un pequeño poema de dolor vertido en el
pentagrama, por quien, y esto se sabe en Cádiz, poseía tan profunda
inspiración.”
 |
Parte del guión para director de la marcha ¡Una Lágrima!, publicada en la revista de la época "La España Musical" |
Pero
no es ¡Piedad! la composición más
antigua que nuestras cofradías tienen en dedicatoria. En este apartado, tenemos
dos piezas compuestas en los primeros años de aquellos años noventa.
Corría el año 1893, cuando el músico y profesor de la Academia de Santa
Cecilia, Eduardo Romero y Gándara, hizo entrega a la Junta de Gobierno de la Cofradía de Ecce-Homo, de
una Marcha Fúnebre de su cosecha. En dicho documento, reseñaba con gran
modestia por su parte que “poco, muy poco
es el mérito de dicha composición, si es que alguno tiene pero veré colmado mi
deseo, si esta Corporación se digna en aceptarla”. La instrumentación para
banda, como continúa el escrito, estaría asignada al reputado músico mayor
Damián López Sánchez, encargado de dirigir las músicas del Regimiento Pavía 48 y
Álava 56 (anteriormente denominado 60) de guarnición en la ciudad.
La segunda de ellas, lleva por título Saeta,
marcha fúnebre compuesta anteriormente al año 1894, por el músico mayor anteriormente
nombrado Damián López y por el que fue elegido meses después Hermano Honorario.
Así rezaba en los archivos, según el Boletín de la Cofradía de septiembre de
1943:
De la historia en preparación. 1894 – D.
Damián López, Músico Mayor de Álava de esta guarnición, por la composición de
una Saeta que se tocaba por dicha banda en la Procesión del Jueves Santo
dedicada a Nuestro Titular.
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| Marcha "Saeta", partitura de clarinete 1 |
Como último apunte y dada la extensión permitida, encontramos otra
interesantísima reseña en el Diario El Guadalete del día 31 de marzo de 1901.
Hacía referencia al repertorio de marchas fúnebres que interpretaría la Banda
de Pavía, durante la carrera de la Cofradía de la Coronación de Espinas y Ntra.
Sra. de la Aflicción de la localidad jerezana. Entre ellas, se hacía mención a
dos compuestas por el referido Enrique Broca; El Nazareno y La Piedad.
Curiosamente, en el mencionado archivo gaditano, se recogen dos marchas con
estos títulos y con la grafía del citado autor. Dada la vinculación de esta
formación y dicho músico con estas dos cofradías, es casi seguro de la dedicatoria
a ambas corporaciones gaditanas. Por desgracia, las mismas son irrecuperables a día de hoy, los escasos papeles
hallados unidos al mal estado de los mismos, hacen esperar a un futuro
descubrimiento en otra dependencia.
Por el camino, sin tener tiempo para detenernos y aún a falta de muchos datos,
quedaron otras también con inspiración a nuestras cofradías e imágenes que
quedan reflejadas en el también extinto periódico La Correspondencia de Cádiz
de día 2 de abril de 1904. Allí, se cita
que tras el paso iba la de música del
Regimiento de Pavía que estrenó las marchas fúnebres Santo Entierro, Expiración
y Señor del Patio.
Acabamos con una pregunta al aire que trataremos en otra segunda parte (en la que se abarcará la música procesional del siglo XX en la ciudad), a modo de una posible delimitación
histórica: ¿Se podría señalar España
Llora, compuesta por Alejandro Contreras
Contreras en 1912 tras el atentado del político Canalejas, como la última marcha que
compositivamente marque un claro cambio y con ella el final de este periodo dorado gaditano?
Archivo
Histórico Municipal de Cádiz (Colección Semana Santa).
Dominicas,
Ferias y Fiestas móviles del año Christiano en España por Don Joaquín Lorenzo Villanueva (Tomo Tercero)
1798. ”Abusos de la Música S.II”, pág.
63.
Diario El Comercio, 3 de diciembre de 1878.
Se citan las bandas de Ingenieros, Artillería, Pavía 50 y la reciente de Soria
9.